INICIA TU SUEÑO

Durante unos instantes se sintió bien. Había conseguido su objetivo.
Su nuevo hogar tenía agua caliente. Acababa de instalar un calentador de gas butano, con el que podría tener ese lujo. Imagínate, llegar sudado del trabajo, y poder refrescarte en una bañera con esa agradable sensación.
Sentía que había cumplido su sueño. Tenía una nueva novia con la que hacía unas semanas que iban a un pub que habían 20120904-204436.jpgabierto en el barrio. Era muy cariñosa, guapa, agradable y además trabajaba. Era enfermera.
El dueño del sitio donde trabajaba estaba muy contento con él y como el capataz se iba a jubilar en poco tiempo, estaba pensando en él para ascenderle. Sus compañeros le envidiaban porque apena había acabado de llegar y se había convertido en el ojito derecho de Paco. Así llamaban al viejo gruñón que se paseaba todos los días por el taller todos los días. Pero no, a Antonio no le había pasado lo que los demás. Él había tenido suerte.
También había hecho nuevos amigos. Cerca del piso que había alquilado, había un bar en el que un día entró y conoció a un grupo de muchachos de su misma edad con los que rápidamente confraternizó. Supongo que el Atlético de Madrid como afición común, hizo mucho para ayudar.

En definitiva, Antonio, estaba pasando por un buen momento en aquella España de los años sesenta, en la que todo estaba por hacer, y las ansias de prosperar y progresar eran tan grandes.

De repente, Antonio se sobresaltó.
¿Qué era ese horrible ruido?  El sonido del viejo despertador le sacó de su sueño. Al poco, María, la madre de Antonio entró en su habitación sobresaltada. Fue la manera de que terminase de volver a la realidad. Al instante se dio cuenta de la realidad, que llegó como un jarro de agua fría. Los nervios llegaron a su estómago y un halo de tristeza se apoderó de él. No podía evitarlo. Las mañanas no eran su fuerte y el pesimismo le embargaba.
– Venga Antonio, el tren no espera. – Gritó su madre.
El tren salía en dos horas de la estación de Cañaveral. Destino: la capital. Madrid.
No estaba muy seguro. La opción de quedarse en el pueblo cuidando las ovejas de la familia, era algo seguro, pero era la seguridad de la pobreza. El quería algo más.
Se levantó e inició su camino.

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